Criterio antes que plan

Casi todos los negocios que hemos acompañado tenían ya un plan. Bien hecho, bien presentado, con objetivos a tres años. Y casi ninguno lo estaba usando.

No es culpa del plan. El problema es lo que se le pide. Un documento puede ordenar ideas y alinear a un equipo, pero no puede decidir por ti cuando aparece el cliente que no encaja, el competidor que baja precios o la oportunidad que no estaba prevista.

Y esas cosas aparecen todas las semanas.

La diferencia entre un plan y criterio

Un plan dice qué vas a hacer. El criterio te permite decidir bien cuando la realidad no se parece al plan, que es prácticamente siempre.

Un plan caduca. El criterio se acumula. El primero es un entregable; el segundo es una capacidad, y se construye tomando decisiones, revisando cómo salieron y ajustando la forma de mirar.

Cómo se construye

No con más información. Con tres cosas mucho más sencillas:

  • Perspectiva. Alguien que no esté dentro del problema y pueda decirte lo que tú ya no ves.
  • Recurrencia. Volver sobre las decisiones con cierta periodicidad, no una vez al año. Un negocio se corrige en conversaciones cortas y frecuentes, no en revisiones anuales.
  • Memoria. Alguien que recuerde qué decidiste el trimestre pasado y por qué. Sin eso, cada decisión empieza de cero.

Ninguna de las tres se consigue con un documento. Las tres se consiguen con alguien al lado.

Un plan te dice hacia dónde ibas. El criterio te dice qué hacer cuando el camino cambió.

Qué preguntar antes de contratar cualquier acompañamiento

Si estás valorando trabajar con alguien de fuera, hay una pregunta que aclara bastante: ¿qué pasa después de la entrega?

Si la respuesta es «te entregamos el informe y queda a tu disposición», estás comprando un documento. Puede ser exactamente lo que necesitas, y a veces lo es. Pero no esperes que cambie cómo decides.

Si la respuesta incluye una conversación recurrente, un seguimiento de lo que decidiste y alguien que vuelva a preguntarte por ello dentro de un mes, entonces sí estás construyendo criterio.

Empezar es más simple de lo que parece

No hace falta un diagnóstico de tres meses ni una auditoría completa. Basta con responder honestamente a tres preguntas: dónde estás, qué quieres conseguir y qué es lo primero que hay que resolver.

Con eso ya puedes tomar la siguiente decisión mejor que la anterior. Y eso, repetido durante un año, cambia más un negocio que cualquier plan estratégico.


El objetivo no es tener el documento perfecto. Es llegar al final del año habiendo decidido mejor.

¿Quieres contrastar esto con tu propio negocio?

Una primera conversación, sin compromiso, para ver dónde estás y qué tendría sentido hacer a continuación.